Aunque es natural que, hasta cierta punto, nos importe la opinión de nuestro entorno más cercano, las personas con dependencia emocional hacia sus amigos necesitan una aprobación constante, pues sienten que su valor reside en lo que ellos opinen.
Es bastante frecuente que las personas que desarrollan dependencia emocional tengan dificultades a la hora de poner límites.
Con el tiempo, la persona desconecta de sus propias necesidades y deseos para priorizar y complacer constantemente a la otra persona sin contemplar el ‘precio’ que esto puede tener para sí misma.
Cuando el centro de nuestro mundo es otra persona y no nosotros mismos, tendemos a complacerla excesivamente.
Esto significa que, por el miedo a perder el vínculo y la necesidad de aprobación, la personas tiende a fusionar su identidad con la de su amigo.
Solapados los dos yo, la subjetividad individual se vuelve difusa.
En ocasiones, estas personas reniegan incluso de sus intereses, sus valores y sus objetivos con tal de asimilarse a sus amistades.
La psicóloga Nerea Moreno explica que cuando este temor se vuelve irracional u obsesivo, es probable que se haya desarrollado una dependencia emocional hacia un amigo.
La idea de que esa amistad acabe provoca en estas personas una ansiedad abrumadora y un miedo intenso.
Una de las claves para que se genera esta dependencia emocional viene de la mano de una idealización de la otra persona.
Cuando se minimizan sus defectos, se considera que esa persona es especial y que, por tanto, merece la pena tenerla en nuestra vida.
Exagerar las virtudes ajenas puede llevarnos a pensar que, sin esa amistad, no podremos ser felices.