La dependencia emocional es un patrón crónico de demandas afectivas insatisfechas, que llevan a la persona a buscar desesperadamente satisfacerlas mediante relaciones interpersonales estrechas. En la amistad, la dependencia emocional se presenta cuando hay un apego disfuncional, una relación desigualitaria y unilateral, basada en un patrón de necesidades insatisfechas o la adjudicación de su valía a lo que la otra persona piensa de ella. Cuando hay dependencia entre amigos, se produce una relación desigualitaria, es unilateral, y se da porque tiene la necesidad de impactar al otro en las relaciones, poder tener influencia sobre el otro, porque sabe atraer su interés, poder dejar huella en el otro. La autoestima se construye primero en base a cuánto nos sentimos queridos por los demás y después a cuánto nos queremos nosotros, pero si existe dependencia, el foco está en cuánto nos quiere la otra persona y nuestra valía gira en torno a cuánto nos sentimos valorados por nuestro amigo. La dependencia siempre conlleva la pérdida de uno mismo, para que la otra persona no nos abandone o rechace.
Señales que alertan de una amistad dependiente son buscar la seguridad que te falta en la amistad, necesitar mucha atención de la amistad para sentirse bien, exigencia de muestras de cariño, incondicionalidad, exclusividad para sentirse querido. Sentimientos de ansiedad, culpa o enfado, la otra persona se convierte en el centro de sus sentimientos y preocupaciones, sentimientos de vacío cuando no está o no tiene noticias de la amistad. La autoestima está basada generalmente en la valía que le da el amigo, o si es una relación de codependencia, en cuidar y apoyar al otro, estableciendo una relación desigualitaria. Cuando hay autoestima, no se establecen relaciones desigualitarias, hay reciprocidad, hay un yo-tú, te tengo en cuenta, y me tengo en cuenta, me acepto y te acepto, aunque seas diferente, sientas y te comportes distinto a mí.