En muchas ocasiones, las personas tienden a aislarse cuando piensan que no les compensa relacionarse con otras personas. Estos pensamientos pueden surgir a raíz de malas experiencias que han sufrido en su pasado, creando patrones de comportamiento que piensan que van a repetirse en otras personas. Ante decepciones de amistades o familiares, ocurre, bajo mi punto de vista, que muchas personas se sienten desilusionadas, y piensan aquello de «mejor sólo que mal acompañado». Sin embargo, somos sociales por naturaleza y por cultura, con lo cual, cuanto más aislados estemos, en principio, más infelices seremos. Quizás el problema no sean los demás, y el problema seas tú mismo. En ocasiones, veo que ocurre que cuando uno mismo no está contento consigo mismo y con lo que hace, achaca su malestar a los demás, y cree que los demás son culpables de su infelicidad o su desgracia. Por ello, es muy importante sentirse realizado, hacer las cosas que uno quiere, siempre dentro de sus posibilidades, ya que hay cosas que no podemos cambiar, pero dentro de nuestras circunstancias siempre podemos tomar decisiones, esforzarnos por llevar adelante proyectos, o convertirnos en la persona que queremos ser. Eso lo hace simple y llanamente, el compartir con los demás, el contacto físico, las risas, el disfrutar con los demás, de manera presencial, quedar, verse, hablar, escucharse, sentirse conectados con los otros de manera real, etc. La gente necesita sentirse valorada. La idea de uno mismo que se proyecta en las redes es muy poco auténtica y, en el fondo, uno lo sabe. Así que sabes que los likes no te los están dando a ti, sino a la proyección que vuelcas en las redes. Por ello considero que son tan importantes las relaciones sociales y muy en concreto en persona, en presencia, no perdamos la alegría de la vida, que es compartir de manera sincera con los demás, no lo podemos evitar, es una cuestión de supervivencia y de evolución desde los orígenes del Homo Sapiens.