Cuando no te abres con los demás, te cierras a ti mismo. De igual forma, cuando te cierras emocionalmente a los demás, y dejas de compartirte y de abrirte desde tus emociones y tus pensamientos, en ese momento lo que en realidad pasa, es que te cierras a ti mismo, y te privas de la oportunidad de sentirte y reafirmar quién eres. Podría decir, que en un 80%, las personas que tienden a la ansiedad son personas profundas, que gustan de temas interesantes, espirituales, filosóficos, y cuando se encuentran en una relación o plática superficial, se cierran y se aíslan, pues… pierden el interés o sienten que no serán comprendidos en quienes son, que serán juzgados o inclusive rechazados por ser “diferentes”.
Entonces, se cierran emocionalmente y dejan de conectar, pero en realidad, necesitan de esa conexión para sentirse y reafirmarse, y es ahí donde empiezan a sentir ansiedad, o bien, ya una vez sintiendo ansiedad, se cierran aún más por temor a que alguien no comprenda la profundidad de lo que están sintiendo.
Sientes empatía y te sientes comprendido, que hablan el mismo idioma, que puedes ser tu mismo y que no hay necesidad de ponerte máscaras.
Creo que eso es lo más importante, cuando conectas con alguien más, es ese momento en el que te sientes tu mismo estando con otro.
Nos reconocemos a través del otro.
Y como muchos filósofos lo han declarado, nos encontramos a través del otro, nos reconocemos como individuos gracias a que nos espejeamos con el otro.
Por eso, conectar no se trata de la otra persona, se trata de ti mismo, pues al hacerlo, te conoces, te encuentras, te sientes, te descubres, te vibras a ti tal y como eres.