La comunicación efectiva es un proceso que se caracteriza por compartir y escuchar desde ideas, pensamientos, conocimientos e información, de una forma clara y sencilla, que no genere confusión en el receptor.
Por eso, entre sus características destacan la claridad, el respeto, la empatía o el feedback recibido.
Se trata de construir relaciones mientras se comparten esas ideas que sirven para transmitir los valores de las empresas y que ayudan a la consecución de los objetivos.
No sirve el imponer.
Funciona mucho mejor el convencer desde el trabajo y el ejemplo diario.
La misión de un buen líder debe ser la de motivar a los miembros de su equipo con objetivos comunes, escuchando las diferentes propuestas y valorando las más atractivas.
Es fundamental diseñar y realizar una estrategia para que el equipo de trabajo consiga los objetivos.
Aunque, no tiene que ser el líder el único que desarrolle esa estrategia.
Es clave atender y escuchar las dificultades que expliquen los diferentes miembros del equipo y que pueden surgir en el proceso.
A la hora de tomar decisiones, resulta recomendable apostar por respuestas creativas e innovadoras que ayuden a la consecución de los objetivos.
Todos los expertos en liderazgo son conscientes de que utilizar un lenguaje inclusivo crea vínculos fundamentales con el resto del equipo.
Ayuda a que todos se sientan valorados, formando parte de un equipo y en igualdad.
El uso de la primera persona del plural, el “nosotros” por encima del “yo”, o hablar de “nuestros objetivos” o en lugar de “los objetivos”.
Hay que alejarse de la crítica despiadada a la hora de valorar el trabajo de nuestro equipo.
Esos consejos no pueden sonar a humillación o desprecio.
Mucho más recomendable es utilizar técnicas comunicativas que refuercen el mensaje positivo.
Una de las características más importantes de un buen líder es tener una cuota de humildad suficiente para reconocer aquellos aspectos que no conoce o controla.
Y será en aquellos en los que se apoye en su equipo, los escuche y dialogue con ellos haciéndoles sentir que pueden debatir y que sus opiniones no solo serán tenidas en cuenta, sino que además pueden resultar fundamentales para el devenir de la empresa.
Así se trabaja en la impresión de que entre todos se pueden conseguir las metas propuestas.
Por eso, no hay que tener miedo a hacer preguntas, a generar debate y diálogo mientras se haga en un ambiente en el que todos intenten aunar esfuerzos para mejorar el rendimiento de la empresa.