Son hechos circunstanciales, los cuales tienen escasa o nula relación con la etapa evolutiva de la familia y sus miembros. No son esperadas, ni se contemplan como parte de su desarrollo, por lo que se consideran eventos extraordinarios que pueden producir una gran tensión, impacto, malestar y dificultades si no se cuentan con las herramientas y apoyos adecuados. Como ejemplo de este tipo de crisis, nos encontramos con: la muerte súbita e inesperada de un miembro de la familia, el diagnóstico de una enfermedad grave, la pérdida repentina de un trabajo estable, un embarazo no deseado, etc. Son eventos o situaciones que forman parte del desarrollo evolutivo de las personas y las familias. Sus características más señaladas son: Pueden predecirse con facilidad y la experiencia para superarlas puede ser consultada a otras personas o generaciones. Al tenerlas contempladas como sucesos que tarde o temprano pueden acontecer, producen menos tensión y malestar y se van generando herramientas y recursos de afrontamiento. Son transitorias, no en el sentido temporal, sino en el hecho de que da paso a otra etapa del ciclo vital personal y/o familiar y obligan a la readaptación a las nuevas circunstancias de la familia y de las personas que la integran. Como ejemplo de este tipo de crisis, nos encontramos con: la convivencia con una nueva pareja, el nacimiento del/la primer hijo/a, la independencia de hijos e hijas, la muerte de los progenitores en edad avanzada, etc. La facilidad de la familia para adaptarse a los cambios. La red de apoyos y recursos familiares con los que cuenta. Cuánta ayuda desea aceptar la familia.
Un elemento clave para superar las crisis es la resiliencia. En relación con las familias y tomando la definición de Jorge Barudy podemos decir que la resiliencia es: “la capacidad de una persona o de un grupo (como la familia) para desarrollarse bien y seguir proyectándose en el futuro a pesar de los acontecimientos desestabilizadores, de las condiciones de vida difíciles y de traumas a veces graves”. Para poder poner en marcha la resiliencia ante sucesos estresantes hemos de considerar una serie de aspectos relacionados con la familia y las personas que la componen: Entender cómo se siente y qué piensa cada persona y la familia en su conjunto con respecto a la crisis surgida. Motivaciones para poder ir avanzando poco a poco hasta volver a recuperarse. La capacidad de poder mantener la distancia emocional y/o física con el conflicto, pero sin llegar a aislarse. La capacidad de relacionarse afectiva e íntimamente consigo mismo/a y con otras personas. El sentido del humor ante la adversidad. El deseo de recuperar el bienestar.