Para lograr un buen descanso, debemos evitar, desde las primeras semanas de vida, las prácticas que acaban estableciendo un patrón de sueño que no es el correcto.
Exponer a los niños a la luz natural a primeras horas de la mañana, reducir la actividad física tres o cuatro horas antes de irse a dormir, tener horarios regulares, o evitar las pantallas antes de acostarse son algunas prácticas que ayudarán a nuestros hijos a conciliar el sueño.
La AEP recomienda la terapia cognitivo-conductual.
Ignorar sus quejas: “Hay que luchar contra el sentimiento de culpa que desarrollan los padres por no atender al niño cuando protesta al irse a dormir o durante la noche.
Le están haciendo un bien enseñándole a dormir”, apunta Cruz Navarro.
Ir a dormir solamente cuando tenga sueño: Conviene llevar una agenda de sueño para registrar los horarios de vigilia de los pequeños y ver si se repiten patrones noche tras noche.
Si movemos suavemente al niño, sin espabilarlo del todo, justo antes de que termine su ciclo de sueño y se despierte, conseguiremos que encadene ese ciclo con el siguiente sin desvelarse”, propone Cruz Navarro.
Esta medida puede aplicarse en niños que se suelen desvelar a la misma hora habitualmente.
Esta técnica conductual consiste en entregar al niño una serie de tarjetas intercambiables por acciones como: un cuento, una canción, beber agua. . .
Se debe acordar previamente con el niño que una vez que se acaben, deberá irse a dormir.
Estas técnicas se pueden usar de manera independiente o combinadas.
Si todo esto no es suficiente, la AEP recomienda la terapia cognitivo-conductual, algunos metaanálisis han demostrado que el sueño del niño puede mejorar de media prácticamente una hora.