Pero una nueva terapia genética, descubierta por un grupo de investigadores del Reino Unido, es capaz de revertir ese proceso.
Estudios recientes han demostrado que la culpa de que perdamos memoria con la edad la tienen las redes perineuronales (PNN).
En un nuevo estudio publicado por investigadores de la Universidad de Cambridge y de la Universidad de Leeds en la revista Molecular Psychiatry, se muestra como manipulando la composición de sulfato de condroitina de las PNN se puede restaurar la neuroplasticidad y aliviar los déficits de memoria relacionados con la edad.
Cómo funciona este tratamiento
Para demostrarlo, el equipo realizó una serie de pruebas de memoria en ratones de 20 meses, considerados muy viejos, que presentaban déficits de memoria en comparación con otros más jóvenes, de seis meses.
Luego utilizaron un vector viral — un virus modificado genéticamente que se encarga de suministrar el tratamiento a las células — para aumentar los niveles de condroitín sulfato 6 en las PNN de los ratones y volvieron a realizarles las pruebas.
Comprobaron que el tratamiento había restablecido completamente la memoria en los ratones más viejos hasta un nivel similar al observado en los más jóvenes.
De momento ya han sido capaces de identificar un posible fármaco que puede tomarse por vía oral e inhibe la formación de las PNN.
Este medicamento ha demostrado que funciona en ratones y ratas, tras su aplicación los investigadores han podido comprobar que la memoria perdida por el envejecimiento se restaura.
También aseguran que puede ser efectivo para la recuperación de lesiones de la médula espinal y están estudiando si podría ayudar a aliviar la pérdida de memoria en enfermedades como el Alzheimer.
Pero una nueva terapia genética, descubierta por un grupo de investigadores del Reino Unido, es capaz de revertir ese proceso.
Uno de los efectos secundarios de hacerse viejo es que perdemos memoria.
Esto se debe a unas estructuras que hay en nuestro cerebro que cuando llegamos a cierta edad nos hacen perder la capacidad de retener información nueva y de aprender.
Pero una nueva terapia genética, descubierta por un grupo de investigadores del Reino Unido, es capaz de revertir ese proceso.