Vitaminas del complejo B: es un grupo de vitaminas cuya acción principal es la obtención de energía por la metabolización de los alimentos, para poder llevar a cabo las funciones fisiológicas del organismo.
Las vitaminas B1, B12, B6 y B9 ayudan a reducir la homocisteína, cuyo exceso perjudica los finos vasos sanguíneos del cerebro, afectando al rendimiento cognitivo y la memoria.
Además, la vitamina B6 ayuda contra la fatiga mental, mejorando el rendimiento mental y físico.
Por último, las vitaminas B1 y B12 están muy ligadas al funcionamiento normal del sistema nervioso.
La vitamina C: solemos asociarla al sistema inmunológico, pero, además, ayuda a prevenir el deterioro cognitivo, ya que interviene en la producción de neurotransmisores como la dopamina, que interviene en las funciones de atención y respuesta ante los estímulos.
También tiene propiedades antioxidantes que evitan la degradación de los receptores de las neuronas que facilitan su comunicación.
Vitamina D: esta vitamina proviene de la exposición de nuestra piel al sol.
Su función principal es la absorción del calcio y el fosforo, ambos necesarios para un desarrollo normal de nuestros huesos.
Además, se ha demostrado que interviene de forma importante en las funciones nerviosas y en el sistema inmunitario.
Vitamina E: varios estudios sobre el Alzheimer y procesos cognitivos pudieron demostrar que la vitamina E favorecía el rendimiento cognitivo aumentando la concentración, la memoria.
Además, tiene propiedades antioxidantes, protegiendo las células de la acción de los radicales libres.
Magnesio: esencial para la excitabilidad de músculos y nervios.
En el sistema nervioso central, es esencial en el control de los neurotransmisores.
El magnesio contribuye a la reducción del cansancio y la fatiga, así como al mantenimiento de la temperatura.
Zinc: es un mineral abundante en nuestro cerebro y se encarga de regular la comunicación entre las células del cerebro del hipocampo, zona del cerebro especializada en la memoria y el aprendizaje.