La discriminación afecta directamente a la salud mental. Los estudios sobre el tema reportan que los jóvenes y estudiantes de la comunidad LGBTQ+ que son víctimas por su orientación afectivo-sexual o identidad de género tienen mayores índices de depresión, ansiedad, baja autoestima, síntomas de estrés postraumático, abuso de sustancias, aislamiento, ideas o pensamientos sobre el suicidio, tentativa de suicidio y suicidio. La homofobia, la bifobia y la transfobia son productos de un sistema que considera la diversidad sexual como una transgresión de los roles genéricos masculinos y femeninos y de la naturaleza sexual humana. La discriminación produce una limitación en el acceso a recursos sociales, educativos, económicos y de salud, impactando la salud mental y en el proyecto de vida de la persona que la experimenta. Esto incluso, puede ser interiorizado por la propia persona LGBTQ+, generando un discurso interno discriminatorio sobre su propia orientación sexual o identidad de género, lo que impacta en su salud mental e incide en que busque cambiar estos aspectos de su identidad o esconder sus afectos o expresiones. La violencia psicológica se asocia significativamente con la identidad de género: las personas de género no binario o trans reportan mayor violencia psicológica que las personas cisgénero. El estigma social, el prejuicio y la discriminación estructural, así como la de la familia, pares, compañeros de trabajo y compañeros de clase, se ha relacionado con pensamientos y conductas suicidas en personas trans, lesbianas, gays y bisexuales.