Pon límites y ordena. Es bueno estructurar el trabajo y priorizar aquellas que consideres de mayor relevancia o urgentes. Así, las obligaciones que más estrés generan por su importancia, serán las primeras que resuelvas, disminuyendo considerablemente la tensión que generan. Dedicar distintos momentos del día para la desconexión de las tareas siempre será una buena técnica para gestionar el estrés laboral. Márcate distintas franjas de horario para hacer un descanso e incluso para salir del espacio laboral. Está bien para renovar ideas, tomar un café, leer el periódico… A fin de cuentas, es positivo interrumpir las tareas laborales con otras complementarias. Al volver a casa de la rutina debes desconectar del trabajo, algunas formas para hacerlo es practicar algún tipo de deporte, aprender técnicas de relajación acudiendo a cursos o clases especializadas, durmiendo las horas necesarias, ¡seguro que tú estrés laboral mejora! Cuenta con los imprevistos e interrupciones. A la hora de organizar las tareas a realizar en el trabajo es necesario establecer unos días libres de tareas por si surgiesen algunos imprevistos, ¡es muy fácil que esto ocurra! Si eres un buen previsor y dejas algún día para las cosas que vienen sin avisar, te será más fácil gestionar el estrés en el ambiente laboral. Administra tu tiempo. Decide a que se va a dedicar el tiempo disponible. Puedes hacer una lista con aquellas tareas que son más prioritarias y otra con aquellas cosas que no resultan tan relevantes. ¡Comunica! Otra técnica de relajación podría ser la comunicación, si algo sale mal siempre hay que hablarlo con el resto, no se puede cargar uno de todo porque al final siempre traerá consecuencias negativas. Seguro que te servirán de gran ayuda las conversaciones y sugerencias de tus compañeros. Mantener buenas relaciones con el resto es muy importante. ¡No dejes que el estrés se acumule! Intenta relajar tu mente, desconectar del día a día y disfrutar del trabajo que estás realizando.