No dejes que los acontecimientos u otras personas influyan en tus emociones o tu estado mental. Tú tienes el control – nadie puede hacerte estar triste, enfadado o nervioso, eso son respuestas a cada situación. Una vez que seas capaz de reconocerlas y tomes posesión de tus propias emociones – y seamos sinceros, son tuyas y de nadie más- entonces puedes, con la práctica, seleccionar las apropiadas para cada circunstancia.
Contemplar la situación desde diferentes perspectivas para verla en su contexto es muy útil. Cuando estamos predispuestos en contra, nuestro enfoque es muy limitado y podemos ver las cosas fuera de perspectiva. Esto puede conducir al estrés o al bajo rendimiento.
Confina el asunto que te preocupa de modo que no afecte a otras áreas de tu vida. La felicidad a largo plazo viene al equilibrar nuestras necesidades físicas, emocionales, intelectuales y espirituales. Cuando no prestamos atención a una de ellas, como cuando no vamos al gimnasio o no pasamos suficiente tiempo con la familia, tiende a influirnos en otras áreas y a generar impacto en nuestra satisfacción y rendimiento.
Hay muchas maneras de mantener la calma, como organizarse, hacer suficiente ejercicio y descansar, trabajar con mentores, una buena nutrición y muchas más. Estas son prácticas que pueden ayudarte a mantener el control y es necesario hacerlas antes de la crisis. En el calor del momento, sin embargo, serían técnicas como las anteriores – separar la respuesta del estímulo, observar la situación desde diferentes perspectivas y compartimentar – las que pueden ayudarte a lidiar con situaciones de alto estrés y mantenerte frío como el hielo.