No hay nada imposible, es todo una cuestión de organización y tiempo. Si piensas en la cantidad de tareas que haces en tu día a día, te darás cuenta de que no todas ellas son imprescindibles. Prescindir de alguna de estas tareas nos permitirá dedicar mucho más tiempo a la atención de nuestra familia o a la práctica de alguno de nuestros numerosos hobbies. En cualquier caso, trata de priorizar aquellas actividades que te lleven más tiempo o que no puedes eludir por el motivo que sea: cuidado de niños, cuidado de mayores, tareas del hogar, etc. Renuncia a la perfección, hay que aceptar que los fracasos y los objetivos incumplidos son un compañero más de nuestro día a día. Reparte las tareas entre todos, si todavía piensas que tienes tiempo suficiente para llevar a cabo todas las tareas del hogar por ti mismo, de forma perfecta y no quieres gastarte un euro más por ellas, puedes ahorrarte tiempo si repartes todas o alguna de ellas entre tu pareja e, incluso, entre tus hijos. Negocia tus condiciones laborales, puede ser positivo hablar con nuestros superiores para valorar si existe la posibilidad de obtener algún tipo de beneficio para conseguir una mejor conciliación de nuestra vida laboral y familiar. A menos desplazamientos, más tiempo libre, si estamos pensando en cambiar nuestra residencia, que al menos tenga todo lo que necesitas cerca para evitar largos desplazamientos. En definitiva, la conciliación de la vida familiar y laboral, pese a que no es un objetivo fácil de cumplir, es posible y, por supuesto, realista. Todo depende de nuestra voluntad para conseguirlo, aunque nunca está de más la ayuda por parte de nuestra familia y de nuestra empresa.