Las emociones envían señales al cuerpo en forma de sensaciones físicas para que éste se dirija hacia lo que necesitamos en ese momento, y podamos adaptarnos al entorno en el que vivimos. Las emociones se expresan para que nuestro cuerpo actúe.
A través de diversos síntomas, el cuerpo nos ayuda a identificar lo que estamos sintiendo y, por lo tanto, lo que necesitamos en ese momento.
El primer paso para gestionar nuestras emociones es aprender a escucharnos y prestar atención a las sensaciones que éstas emociones generan en nuestro cuerpo, aunque cada persona es única y experimenta sus emociones de forma diferente.
Aunque las respuestas corporales ante las emociones son subjetivas y pueden variar de una persona a otra, y las mismas emociones no siempre provocan las mismas sensaciones físicas en todas las situaciones, este ejemplo puede servirnos como una referencia general.
Nuestro cuerpo actúa como un altavoz que nos ayuda a ser conscientes de lo que estamos sintiendo, permitiéndonos encontrar la mejor manera de gestionarlo.
Cuando tratamos de evitar o reprimimos ese mensaje, como si intentásemos silenciarlo, nuestro cuerpo incrementa la intensidad de esas sensaciones mediante una alarma física llamada dolor, lo que conocemos como somatización, con el fin de que las dejemos expresarse y podamos sentirlas.