No lo justifiques, el estrés no es una excusa para gritarte, despreciarte o hacerte sentir menos.
Puedes decir algo como: Entiendo que estés pasando por un mal momento, pero no voy a permitir que me hables así.
Si te sientes en peligro o hay un patrón de abuso emocional, busca apoyo y sal de ahí cuanto antes.
No tienes que aguantar.
Fomenta la comunicación en momentos tranquilos.
No trates de razonar con alguien alterado.
Habla cuando ambos estéis calmados.
Sugiérele herramientas para gestionar el estrés.
Ejercicio, meditación, respiración consciente o incluso terapia pueden ser útiles.
Refuerza los buenos momentos.
Si tu pareja hace un esfuerzo por tratarte bien, hazle saber que lo valoras.
Ojo, que no se trata de premiar lo básico, sino de fomentar un cambio positivo.
No permitas que el estrés se convierta en un ciclo de maltrato.
Si los episodios de mal genio y desprecio se repiten, la relación no es sana.
Que alguien se preocupe por ti no significa que tenga derecho a tratarte mal.
El amor nunca debería doler.
Si «mi pareja me trata mal cuando se estresa» se ha convertido en una frase recurrente en tu vida, es el momento de plantearte si esta relación te está haciendo bien.
Una relación no debería ser un campo de batalla donde una persona siempre tiene que soportar el estrés de la otra.
Si tu pareja realmente quiere cambiar, puede buscar ayuda para aprender a gestionar su estrés de forma sana.
Pero si no lo hace y sigues sufriendo, tal vez sea hora de pensar en tu bienestar y priorizarte.
Piensa que el amor no debería sentirse como una lucha a todas horas.
Y recuerda: el estrés es parte de la vida, pero el maltrato no debería ser parte de ninguna relación.