Duerme las horas necesarias. Dormir las horas necesarias es vital para mantener nuestro estrés a raya, no solo porque nos mantiene más despiertos y activos para afrontar los retos del día a día, sino porque reduce los niveles de cortisol. Una buena idea para promover este descanso que necesita nuestro cuerpo es echarse una siesta corta de unos veinte minutos, la cual ayuda a reducir el cortisol en sangre. Practica la meditación, la práctica diaria de alguna técnica de meditación favorece que nuestros niveles de cortisol y presión arterial sean mucho más saludables. El yoga, por ejemplo, es una forma de combinar los ejercicios de respiración, técnicas de relajación y movimientos físicos. Recompénsate, si últimamente tus días vienen cargados de tensión, regálate pequeños momentos que te proporcionen placer físico o psicológico. Un baño de burbujas, leer un libro, ir al cine, etc. De esta forma relajas tu mente y cuerpo, notarás que te sentirás con más energía para poder afrontar las situaciones problemáticas. Organiza tu tiempo, establece prioridades y preocúpate únicamente por tus tareas a corto plazo. Identifica las cosas que te quitan tiempo y suprímelas de tu día a día. Practica ejercicio físico, realizar cualquier actividad física de manera habitual favorece la normalización de la secreción hormonal, provocando que tanto la presión arterial como los niveles altos de azúcar y grasas en sangre vuelvan a bajar. Visita a tu masajista, está demostrado científicamente que recibir masajes de forma frecuente reduce drásticamente los niveles de cortisol, ayudándonos a manejar mejor el estrés. A través de los masajes se liberan dos hormonas claves a la hora de controlar nuestro estrés: la serotonina y la dopamina. Cuida tu alimentación, el exceso de trabajo, llevar un ritmo demasiado acelerado o la presión laboral pueden acabar afectando a nuestro apetito y, en consecuencia, generar cambios poco recomendables en nuestros hábitos alimentarios.