Nuestro cerebro, como cualquier parte de nuestro cuerpo, necesita alimentarse.
En función de los nutrientes que reciba, su actividad será diferente.
La composición de cada comida tiene un efecto directo en la producción de las señales químicas del cerebro.
Estas sustancias, responsables de la transmisión de información a lo largo del sistema nervioso, son los llamados neurotransmisores, y pueden modularse en parte por nuestra alimentación.
Por medio de ella podríamos influir sobre nuestro humor y comportamiento, ayudar a aliviar la depresión, la ansiedad, la neurosis y los trastornos del sueño.
Una alimentación desequilibrada puede producir carencias específicas de algunos de los nutrientes, que se manifiestan mediante síntomas o sensaciones como apatía, desgana, irritabilidad, nerviosismo, cansancio, falta de atención, fallos de memoria, de concentración e incluso depresión.
La principal energía que necesita el cerebro para funcionar es la glucosa que proviene de comer alimentos ricos en carbohidratos, como cereales, legumbres, frutas y vegetales, así como productos lácteos.
Pero, además, necesita otros nutrientes esenciales: vitaminas, minerales, ácidos grasos, proteínas…
Un exceso o un defecto del nutriente necesario puede afectar al sistema nervioso.
Si nosotros somos lo que comemos, entonces nuestro cerebro también dependerá de lo que comamos.
Podemos mejorar la salud y las funciones del cerebro a través de la alimentación.
La composición de cada comida tiene un efecto directo en la producción de las señales químicas del cerebro.
Las proteínas son esenciales para fabricar los neurotransmisores que son vitales para los procesos cerebrales.
Se debe intentar que la comida del mediodía sea más rica en proteínas, para optimizar la mente y mantenerse más despierto por la tarde.
Por medio de la alimentación, podríamos mejorar el humor y el comportamiento, ayudando a aliviar la depresión, la ansiedad, la neurosis y los trastornos del sueño.
Mejorará nuestro estado de ánimo, pensaremos más rápido, tendremos más memoria, nos podremos concentrar mejor.
Un déficit de serotonina implica un fallo en los circuitos que requieren esta sustancia.
Para formarlos, se requieren determinados nutrientes que proporcionan los diferentes alimentos.
Cada uno de los neurotransmisores existentes —existen unos 50 diferentes— tiene una misión específica.