La escritura expresiva se revela como una herramienta terapéutica para combatir situaciones traumáticas. Varios estudios apuntan que la mayoría de las personas obtienen mejoras significativas en su salud, tanto en el plano psicológico como en el fisiológico, a los dos o tres meses de seguir este proceso terapéutico. Después de una situación traumática, uno de los mayores retos es integrar la experiencia en la identidad de la persona. La escritura expresiva ayuda a clarificar e interiorizar lo que ha pasado. Las personas son seres narrativos y, por lo tanto, su bienestar depende del grado en el que puedan reflejar sus tensiones vitales en la historia que se explican a sí mismas y que explican a los demás sobre quiénes fueron, quiénes son y quiénes quieren ser. La escritura pide una formulación y un orden lingüísticos, permite ser detallista, específico y discernir el yo, de los demás. La conciencia y la comprensión emocional son clave para que la persona pueda integrar su experiencia y así encontrar una fórmula para poder superar la situación. La escritura también ayuda a mejorar el funcionamiento del sistema inmune y el estado de salud. Se han observado resultados positivos en enfermedades médicas como el asma, la artritis, el VIH y el sida, problemas cardiovasculares o el cáncer. La escritura es una herramienta que permite generar un ritual de escritura en el que pueda concentrarse unos minutos de forma cómoda y sin distracciones en la tarea. Escribir sobre la experiencia traumática durante 20 o 30 minutos al día durante tres o cuatro días, actividad que aporta los primeros beneficios en algunas personas. La escritura no hace falta que sea perfecta: No se busca belleza en el texto, sino claridad. El objetivo es el autoaprendizaje. La terapia expresiva en personas con experiencias traumáticas de alta intensidad acostumbran a necesitar más tiempo para integrar la herramienta y darse cuenta de sus beneficios.