La empatía es la capacidad de captar, entender y comprender las emociones de otra persona, lo que piensa y cómo se comporta, es decir, lo que se entiende por “ponerse en la piel de la otra persona”. Esta habilidad es una pieza clave en las relaciones sociales, ya que gracias a ella nos relacionamos de forma eficaz y satisfactoria. La empatía nos garantiza desarrollar relaciones sanas.
Se crean relaciones interpersonales cómodas y sencillas, gracias a la conexión emocional. Nos ayuda a no juzgar a la persona y a comprenderla desde una perspectiva mucho más integral. Con ello logramos ser respetuosos con el otro.
Aquellas personas que demuestran empatía se orientan a la colaboración y gozan de mayor éxito en sus grupos de referencia. Esto aumenta la autoestima. Sin duda, ser empático mejora la capacidad de liderazgo y motivación cuando se empieza a entender los deseos y necesidades de la gente.
Para ser empático, la persona ha de saber identificar e interpretar sus propias emociones y sólo en estos casos será capaz de hacerlo con los demás. Por eso no todos somos empáticos por igual, no todos tenemos esa capacidad, pero esta capacidad se entrena.
Algunas técnicas de entrenamiento podrían ser estas: Atender a la conducta no verbal, tono, postura, expresión, mirada, silencios… Para entender a alguien hemos de intentar imaginarnos qué le motiva a hacer lo que hace. Tratar de no sermonear a la otra persona, ayudarle a que se exprese sin precipitarnos en un “tú lo que tienes que hacer es…” Preguntar “¿Cómo estás?”, dejando que la persona se exprese.
Conviene ejercitar la empatía desde la infancia, ya que ahí se encuentran los inicios, ahí aprendemos a identificar emociones en nosotros mismos y en los demás.