La empatía es la capacidad de captar, entender y comprender las emociones de otra persona, lo que piensa y cómo se comporta, es decir, lo que se entiende por “ponerse en la piel de la otra persona”. Esta habilidad es una pieza clave en las relaciones sociales, ya que gracias a ella nos relacionamos de forma eficaz y satisfactoria. La empatía nos garantiza desarrollar relaciones sanas. Se crean relaciones interpersonales cómodas y sencillas, gracias a la conexión emocional. Nos ayuda a no juzgar a la persona y a comprenderla desde una perspectiva mucho más integral. Con ello logramos ser respetuosos con el otro. Aquellas personas que demuestran empatía se orientan a la colaboración y gozan de mayor éxito en sus grupos de referencia. Esto aumenta la autoestima. Sin duda, ser empático mejora la capacidad de liderazgo y motivación cuando se empieza a entender los deseos y necesidades de la gente. Para ser empático, la persona ha de saber identificar e interpretar sus propias emociones y sólo en estos casos será capaz de hacerlo con los demás. El ejercicio de la empatía desde pequeños es importante, debemos aprovechar cualquier momento, en el colegio, en el parque, como por ejemplo cuando nuestro hijo no quiere bajarse del columpio para dejárselo a otro niño, ahí tenemos la oportunidad de trabajar empatía proponiéndole preguntas del tipo “¿cómo te sientes tú cuando no puedes columpiarte?” “¿Cómo crees que se está sintiendo tu amigo?” “¿Crees que se sentiría mejor si lo dejamos un rato?”. Conviene ejercitar la empatía desde la infancia, ya que ahí se encuentran los inicios, ahí aprendemos a identificar emociones en nosotros mismos y en los demás.