Es un hecho que tener deudas nos hace vivir con ansiedad y estrés financiero. Tan sólo saber que debes es una carga mental pero, si además te angustias por las fechas de pago o por las constantes llamadas de cobro, el estrés se acumula, te lleva a tomar decisiones equivocadas y afecta tu salud. Las emociones siempre están ligadas a un diálogo interno y hay que identificarlas para salir adelante. Tal vez sientas culpa por no haber hecho una adecuada planeación financiera, o quizás te sientas mal por la forma en que consumes. También puedes sentir enojo por comprar cosas que no necesitas o por dejarte influenciar por la publicidad, y por dejar que los intereses de esas compras crezcan cada día.
La culpa y el enojo te conectan con el pasado, la angustia se relaciona con el futuro. Tómate un rato para identificar tu sentimiento, y regresa al único espacio de tiempo del que tienes control: el presente. Se trata de quitar todo pensamiento de lo que ya pasó y sólo nos genera enojo.
No te juzgues. Revisa si lo que te roba la paz es la crítica; muchas veces es únicamente una voz interna. No te debes recriminar o sentir vergüenza por que los demás se enteren; tampoco te debes decepcionar. Una deuda no es el fin del mundo; su verdadero significado es el que tú le das.
Asume la responsabilidad absoluta. Esto es muy relevante porque estarás viendo tu realidad de frente. Así que abre los estados de cuenta y empieza a organizar tus finanzas. Aprende de los errores. Identifica qué te hizo que te endeudaras, que perdieras el control de tus gastos, y qué puedes hacer para que esto no te vuelva a pasar. Es muy probable que te quieras engañar diciéndote que todo mundo está en la misma situación, que la deuda es la única manera de obtener lo que quieres. Mejor, pregúntate: “¿qué quieres tú para tu vida?”.