Desincorpora de ti a las deudas. No digas “tengo una deuda” o “estoy endeudado”. Esta mentalidad genera estrés. Refiérete a la deuda como algo externo a ti, es mejor decir: “existe un crédito que será pagado”. Acostumbra a tu mente y a tu lenguaje a decir que “es una cantidad que se va a pagar”. De esa forma, la mente se libera y el cuerpo se reactiva. Identifica exactamente lo que las deudas te hacen sentir. Tal vez sientas culpa por no haber hecho una adecuada planeación financiera, o quizás te sientas mal por la forma en que consumes. Permanece en tu presente. Mientras la culpa y el enojo te conectan con el pasado, la angustia se relaciona con el futuro. Tómate un rato para identificar tu sentimiento, y regresa al único espacio de tiempo del que tienes control: el presente. Se trata de quitar todo pensamiento de lo que ya pasó y sólo nos genera enojo. No te juzgues. Revisa si lo que te roba la paz es la crítica; muchas veces es únicamente una voz interna. No te debes recriminar o sentir vergüenza por que los demás se enteren; tampoco te debes decepcionar. Una deuda no es el fin del mundo; su verdadero significado es el que tú le das. Debes tomar control de tu situación desde la confianza, y con el enfoque de que pagarás ese saldo pendiente. Habla con tus acreedores. Reafirma con ellos tu compromiso de pago; no esperes a que te busquen para cobrarte. Aparte de que te lo agradecerán, verán que tienes la disposición de pagar. Abona regularmente, aunque sea un poco. Asume la responsabilidad absoluta. Este punto es muy relevante porque estarás viendo tu realidad de frente. Así que abre los estados de cuenta y empieza a organizar tus finanzas. Comprométete a pagar tu deuda. Ten mucho cuidado con este punto: reestructurar no es liquidar. Comprometerse a pagar la deuda quiere decir que harás todo lo necesario para liquidarla lo más pronto posible; tal vez debas vender algunas de tus pertenencias, trabajar horas extras o vender productos o servicios que te generen ingresos adicionales. Aprende de los errores. Identifica qué te hizo que te endeudaras, que perdieras el control de tus gastos, y qué puedes hacer para que esto no te vuelva a pasar. Es muy probable que te quieras engañar diciéndote que todo mundo está en la misma situación, que la deuda es la única manera de obtener lo que quieres. Mejor, pregúntate: “¿qué quieres tú para tu vida?”. Recuerda que tu dinero hace lo que tú le dices que haga, y que, mientras no tengas la firme determinación de vivir libre de dudas, no lo vas a lograr.