La autoconfianza e es parte importante en la relación que mantenemos con nosotros mismos. Compararnos con nosotros mismos e inspirarnos en los demás: De nada sirve comparar de manera peyorativa nuestras cualidades o rendimiento en el momento actual con el de otras personas. Lo importante es mantener el foco en nosotros y comparar tu «yo pasado» con tu yo de ahora. Inspírate en los demás para aprender, pero compárate solamente contigo mismo.
Querer ser otra persona es un desperdicio de la persona que eres. Trabajar nuestro autoconocimiento y aceptación: es importante conocernos, saber cuáles son nuestras capacidades, nuestras potencialidades, fortalezas, y también nuestros déficits y debilidades. Aceptar el pasado y trabajar en el presente para un mejor futuro.
Conocernos, no a través de la opinión o juicio de los demás, sino a través de la introspección y del análisis, desde dentro. Escúchate, entiéndete y acéptate amablemente.
Trabajar nuestro diálogo interno: La autoconfianza se manifiesta fundamentalmente en esa voz interior que nos acompaña la mayor parte del tiempo. Fíjate en la manera de hablarte: ¿Eres asertivo y amable contigo mismo? Háblate como lo harías a un buen amigo, con amabilidad, respeto, sinceridad y sobre todo cariño.
No hay mejor manera de fomentar la confianza que actuar, arriesgarse, lanzarse a la acción. La confianza viene con la acción y la experiencia a enfrentarnos y resolver situaciones. Para ganar confianza hay que ser valiente y lanzarse a la acción a pesar de las inseguridades.
Conecta con tu «Mejor yo», y «haz como si»: Convierte a la imagen de tu mejor yo en un buen consejero y aliado, habla con él, piensa qué haría él, e imítalo. ¿Qué valores mueven a tu «mejor yo»? ¿a ese yo del futuro ideal? ¿Qué haría él? Haz lo que haría ese yo, aunque no te sientas confiado.