Conoce tus prioridades. Entre mejor te conoces, más fácil será para ti tomar decisiones. Por ejemplo, si sabes que estar con mucha gente te incomoda, probablemente será más fácil negar la invitación a un concierto que si no estás seguro de cómo te sientes en multitudes. También, el conocer tus prioridades te ayudará a decidir mejor, por ejemplo, si sabes que tu prioridad en este momento es comer bien, no tendrás tantas dudas sobre qué comprar cuando estés en el mercado. ¿No estás seguro de cuáles son tus prioridades? Prueba hacer listas. Sí, las listas son tu mejor aliado.
Hacer una lista de pendientes. Te levantas temprano y sabes que quieres aprovechar bien el día, pero no estás seguro de cómo comenzar. ¿Lavar los platos, ir al mercado a comprar comida, contestar los correos pendientes? Si desde que te levantas de la cama sientes que las decisiones te abruman, empieza por hacer una lista de pendientes en el que ordenes qué debes hacer en el día, después piensa en el orden más prudente para realizar cada uno de esos deberes y marca aproximadamente cuánto tiempo dedicarás a cada uno de ellos.
Reducir las decisiones del día. Es un hecho que cuando hemos tomado muchas decisiones en un día, nos agotamos. Esto hace más complicado poder tomar otras decisiones más adelante. Aprovecha si ya has hecho una lista de pendientes, para hacer otra lista sobre las decisiones que tienes que tomar en el día. Observa cuáles de estas puedes solucionar de antemano, por ejemplo, planeando el desayuno de la semana, para que cada día afrontes menos dudas y tu mente se canse con menor frecuencia.
Imagina que la decisión es de alguien más. Un truco psicológico que puedes probar es decirle a tu mente que esa decisión que te abruma no es tuya, sino de algún amigo. ¿Qué consejo le darías en su situación? Esto probablemente te dará información sobre qué puedes hacer con mayor sencillez que si piensas en ti y sus posibles ecos en tu vida.
Céntrate en el presente. Parte importante de por qué nos cuesta trabajo tomar decisiones tiene que ver con el miedo al futuro. Sin embargo, si le dyes a tu mente que esa decisión que estás tomando solo afecta en el presente, la angustia se reduce. Después de todo, el futuro no está en tus manos y pueden suceder muchas cosas que ni siquiera te imaginas, más allá de la decisión que tomes. Además, si es necesario, siempre puedes cambiar de rumbo si el que has tomado no te gusta.
Conecta con tus emociones. La ansiedad hace un tanto difícil reconocer las emociones que sentimos, pues tienden a sentirse más como miedos. Sin embargo, si te centras en identificar cómo te sientes con una u otra decisiones, podrás empezar a intuir cuál es mejor para tu bienestar.