La naturaleza tiene poderes curativos. A menudo buscamos el aire libre en momentos de agitación, autodescubrimiento o cuando necesitamos un descanso muy necesario de nuestra mente. Con el aumento del tiempo frente a la pantalla, necesitamos el aire libre más que nunca. La exposición a la naturaleza se ha relacionado con una serie de beneficios, como la mejora de la atención, la disminución del estrés, la mejora del estado de ánimo, la reducción del riesgo de trastornos psiquiátricos e incluso el aumento de la empatía y la cooperación. La naturaleza urbana puede tener el mismo impacto en nuestro bienestar. Lo importante es establecer una conexión con el mundo natural en todas sus formas. Los espacios verdes cerca de las escuelas tienen la capacidad de impulsar el desarrollo cognitivo en los niños, y los entornos verdes cerca de los hogares de los niños pueden promover el comportamiento de autocontrol. Estos resultados también se aplican a los adultos. La investigación muestran que los adultos que se exponen regularmente al entorno natural suelen mostrar un mayor control de la atención, memoria de trabajo y flexibilidad cognitiva. Hay varias teorías que explican estos beneficios. La primera es que, como nuestros antepasados dependían de la naturaleza para sobrevivir, tenemos una conexión innata con ella. Otras teorías incluyen la idea de que pasar tiempo al aire libre desencadena una respuesta fisiológica que reduce el estrés. Los beneficios emocionales también se correlacionan con pasar tiempo en la naturaleza. Hay pruebas de que el contacto con la naturaleza se asocia a un aumento de la felicidad, el bienestar subjetivo, el afecto positivo, las interacciones sociales positivas y un sentido y propósito de la vida, así como a una disminución de la angustia mental. Basta con pasar dos horas a la semana en la naturaleza para experimentar estos beneficios.