Muévete cada día. Mantener un estilo de vida activo o hacer algo de ejercicio cada día nos ayudará a sentirnos mejor y más enfocados. Puede ser ir a nadar, ir al gimnasio, ir a correr o simplemente dar un paseo de media hora. También es muy recomendables los ejercicios que conectan cuerpo y mente, como el pilates, el yoga o el taichi. Si lo hacemos por la mañana, notaremos su efecto beneficioso a lo largo de todo el día. Pero si hay un momento de la jornada que nos causa especial inquietud, intentemos hacerlo antes de que llegue.
Respira, medita y relájate. Siempre hay que acordarse de respirar, de forma profunda, a pleno pulmón. ¿Cuántas veces nos olvidamos de respirar y contenemos el aire atrapado en nuestros pulmones? Nos puede ayudar en el momento estresante a bajar el nerviosismo. Practicar técnicas de relajación y meditación nos puede ayudar a centrarnos en el momento presente y enfocar nuestra atención.
Sal al encuentro de la naturaleza. Salir a pasear por el campo o la montaña tiene un efecto calmante y nos hace conectar con el planeta y nosotros mismos. En la tranquilidad de los entornos naturales todo parece ir más lento y eso nos aporta serenidad. También puede servir bajar a un parque cercano. Aquí también es importante la constancia: salir al campo una vez por semana o bajar al parque a merendar todas las tardes.
Practica una afición, un pasatiempo o un hobby. Las aficiones que nos gustan tienen grandes beneficios para nuestra tranquilidad. La concentración y atención que requieren pueden ayudarnos a olvidar otras preocupaciones. También nos ayudan a ocupar nuestro tiempo con actividades más enriquecedoras que ver la tele y a no estar ociosos. Por el contrario, si uno de tus problemas es la falta de tiempo, reservarte un momento para ti te ayuda a poner en valor tus necesidades y deseos.
Visita a familiares y amigos. Tener un círculo de personas cercanas con las que podamos compartir nuestras inquietudes es fundamental para nuestro bienestar. Poder hablar de lo que nos inquieta tiene un gran poder liberador y relajante. Pero hay que escoger bien a quién le contamos lo que nos pasa, escoger a alguien que nos deje hablar, que nos escuche, que no nos juzgue y que vaya a estar a nuestro lado para darnos apoyo. ¿Por qué no establecer una tarde semanal con esa amistad con la que tienes una conexión especial?