La resiliencia está en marcha toda la vida, pero los primeros años son muy importantes. La segurización en la infancia, es decir, la creación de entornos seguros y afectuosos para los niños, tanto en su hogar como en los centros educativos, es una de las claves que apunta para crear sociedades altruistas, empáticas y con personas resilientes.
El primer paso para ayudar a un niño a ser más resiliente es transmitirle seguridad en el entorno familiar para que así pueda adquirir los factores y las habilidades que le permitirán ser resiliente.
Lo que crea esa seguridad en la infancia es el vínculo familiar que se va tejiendo a diario con la cotidianidad, con tiempo y con paciencia.
Para que en las familias haya seguridad, hay que ralentizar. Y que aprendan a cantar o a hacer deporte con sus hijos.
La clave es divertirse para aprender el arte de vivir.
Otro de los puntos fundamentales que apunta para desarrollar resiliencia en la infancia es enseñar a confiar en sí mismos y en los demás, fomentando las capacidades de altruismo y de empatía.
El arte juega un papel muy importante en el proceso de resiliencia, para afrontar las adversidades, el arte es una muy buena herramienta y por ello es importante fomentar la función artística desde pequeños.
Las obras de arte, muy pronto, desde la guardería, los cuentos enseñan a los niños a expresarse.
Las producciones artísticas nos ayudan a superar las tragedias intrínsecas de la condición humana.
Las películas, los libros o las obras de teatro cuentan tragedias, cuentan historias emotivas de gente que consigue superar la tragedia.
Y, para nosotros, son maneras de comprender, pero para los que sienten dolor es también una forma de pedirle al artista que sea su portavoz.
El arte es una manera de representar la tragedia de manera soportable, ya que los demás la pueden entender sin angustiarse ni sentirse incómodos.