De a poco, comenzamos a acumular todas esas emociones y estas pueden terminar jugándonos una mala pasada y repercutir en nuestro estado emocional. Reprimir los sentimientos puede desencadenar en una serie de problemas de salud como ansiedad, depresión, insomnio, problemas digestivos, hipertensión, dolores de cabeza e incluso malestar general.
Por eso, es erróneo pensar que debamos reprimirlos o intentar que dejen de existir. En cambio, lo ideal es aprender a gestionarlos correctamente para aprender de ellos, experimentar crecimiento personal y seguir adelante.
Expresar y decir lo que sentimos nos sirve tanto para desahogarnos y separarnos de nuestras emociones, como para cambiar los pensamientos negativos por positivos. Además, encontrar el apoyo y el punto de vista de nuestro círculo nos hará sentir más valorados y queridos.
En este sentido, decir en voz alta lo que nos pasa puede ser de gran ayuda para ser más conscientes de lo que sentimos, lo cual nos permitirá trabajar nuestras emociones.
Reducir el estrés ya que nos sentimos liberados y sacamos todas las emociones negativas de nuestro cuerpo, lo que mejora nuestro bienestar.
Aumentamos nuestra empatía y nuestro nivel de compresión en el momento en que alguien nos expresa sus emociones.
Mejora nuestra autoestima al sentirnos escuchados, comprendidos y aceptados, aunque tengamos malos pensamientos o emociones.
Fortalecemos relaciones con las personas a las que les comunicamos nuestros sentimientos y creamos una conexión. También inspiramos confianza y credibilidad al ser honesto.
Permitimos que nos conozcan más y las personas tengan una mejor percepción de nuestra personalidad, gustos, emociones y sentimientos.
Podemos llegar a solucionar problemas e incluso prevenirlos a través de la comunicación, expresando cómo nos sentimos con respecto a una situación.
Empezamos a ser conscientes de lo que sentimos y eso nos permite analizarnos y conocernos mejor a nosotros mismos, alcanzando así una coherencia entre lo que somos y lo que sentimos.
Nos ayudará a ser nosotros mismos ya que cuando no decimos lo que pensamos o sentimos estamos ocultando una parte de nosotros y, en cierto modo, reprimimos nuestra personalidad.