Es a través de comprender este proceso, de darse cuenta de las emociones propias y de sus consecuentes estados emocionales, de la forma en la que se comparten esas emociones con los demás y de empatizar con las emociones primarias de los otros, lo que determina la construcción de relaciones emocionales importantes para uno y en las cuales uno puede sanarse. La conexión emocional entre personas exige mantener una comunicación colaborativa e integrativa, en la que el diálogo que se establece es comprensivo, respetuoso con la dignidad y singularidad del otro y sin juicios. Es frecuente tener cuestiones del pasado irresueltas que hacen reaccionar con el piloto automático y que impiden gestionar las emociones propias y comprender los estados emocionales de la otra persona. La auto reflexión sobre las emociones propias y la comprensión de uno mismo, de su historia vital, de cómo su mente interpreta todo lo que le sucede en el presente y cómo su cuerpo reacciona ante ello, permite “abrir la mente” y modular las respuestas emocionales hacia la conductas de los demás. Vivir con el piloto automático activado constantemente, sin el mínimo atisbo de atención plena, impide la conexión emocional y cada persona de la relación queda separada por su propio mundo interior apareciendo sentimientos de soledad e incomprensión.
Así, la relación interpersonal está más cerca de ser efímera y tempestiva que de ser duradera y amorosa. Por el contrario, cuando dos personas son capaces de comunicarse emocionalmente, teniendo en cuenta, respetando y gestionando sus emociones primarias, se genera entre ellas una mayor complicidad, sus mentes quedan ligadas y su comunicación verbal genera la misma sintonía. Y esa conexión será tal que incluso estando separadas físicamente, sus mentes seguirán unidas; se habrá creado un estado de resonancia, una parte de la otra persona seguirá manifestándose en nosotros a través de pensamientos, imágenes y sensaciones.