Este abordaje sirve para todo y para todas las personas, desde infancia hasta adustez tardía.
Sí que es cierto que genera todavía mejores resultados cuando nos encontramos frente a víctimas de violencia de género porque, aunque todas las personas suframos las consecuencias de una sociedad patriarcal que infringe diversos tipos de violencia tanto a hombres como a mujeres, las víctimas de violencia de género son las más afectadas y es importante contextualizarles que lo que les ha pasado es fruto de una sociedad y una cultura que es disfuncional y que en absoluto ellas son las culpables de nada de lo que les ha ocurrido.
La psicoterapia feminista busca mejorar la calidad de vida de todas las personas y reducir los niveles de sufrimiento a las que todas nos enfrentamos.
Se trata de quitarse la venda y entender de dónde venimos y cómo el contexto nos afecta enormemente porque nos dota de estructura, roles, creencias y normas.
Estamos en un momento en el que exigimos más flexibilidad a la hora de elegir quién queremos ser y de eso se trata precisamente, de tener la libertad de poder elegir y, por tanto, de recuperar nuestro control y poder para poderlo llevar a cabo.
Para ser felices primero hay que ser libres, y para ser libres las desigualdades y los desequilibrios tienen que ir desapareciendo con dosis terapéuticas de feminismo.
Se trata de entender y abordar no sólo el contenido, sino también el continente.
Es, desde luego, el enfoque más integrador que la psicología puede ofrecer hasta el momento.
Además, cuando las personas descubren lo que hay debajo, se genera mucho alivio porque se desculpabilizan y se empoderan y desde ahí podemos empezar a hacer un cambio mucho más profundo y con garantías de mantenerlo en el futuro.
Cuando integramos conductas, con emociones y con contexto tenemos los 3 pilares básicos que sostienen a todas las personas y por ello el enfoque es mucho más completo y eficiente.