Después de una sesión de EMDR, la persona recuerda el hecho o la experiencia, pero sienten que esta pertenece al pasado, el contenido se integra desde una perspectiva adulta, diríamos que durante la fase de reprocesamiento el individuo se desplaza gradualmente, en planos cognitivos y emotivos hasta alcanzar una visión más madura y funcional.
La conexión de informaciones dentro del recuerdo y entre recuerdos es espontanea, sin intervención del terapeuta, es el cerebro del paciente el que realiza todo el trabajo.
Una frase que el terapeuta repite es: “Confía en que tu cerebro hará lo necesario para tu bienestar, deja que pase lo que tenga que pasar”
Los movimientos oculares contribuyen a una reducción del ritmo cardiaco, a un aumento de la temperatura corporal y a la activación del sistema parasimpático, que es el encargado de relajar el cuerpo.
La investigación sobre los movimientos oculares ha demostrado efectos positivos sobre la intensidad o viveza emocional de la experiencia traumática.
Podríamos decir que el EMDR transforma la experiencia de emotiva a cognitiva.
Lo que hace la terapia EMDR es ir a la experiencia original, procesarla e integrarla con el resto de las redes de memoria.
Una vez hecho esto, deja de ser una perturbación.