Atrapar asesinos, resistir plagas o revertir enfermedades como el cáncer son algunos de los objetivos de las técnicas modernas de manipulación genética.
CRISPR facilita el desarrollo de modelos de enfermedades en células y animales de gran utilidad en ensayos preclínicos, y también la identificación y validación de dianas de fármacos.
Por eso puede ser clave para luchar contra enfermedades graves como la fibrosis quística o el cáncer, que tienen su origen en mutaciones celulares indeseables.
Asimismo, amplía las posibilidades de la terapia génica y, por tanto, del avance en la medicina personalizada para cada paciente según su código genético.
Todo ello ya ha servido, entre otras cosas, para identificar las causas de muchas enfermedades hereditarias.
La técnica CRISPR/Cas 9 de manipulación del ADN, una herramienta de corta y pega con la que es posible editar el genoma con una precisión hasta hace poco inimaginable, y que abre un sinfín de posibilidades a la ingeniería genética.
CRISPR surge de los trabajos de Francis Mojica, investigador de la Universidad de Alicante que, al estudiar el mecanismo de defensa de las bacterias ante material genético exógeno, exploró la posibilidad de usarlo como herramienta de edición genómica.
Basado en la enzima Cas9 y una cadena de ARN guía, este sistema hace viable la edición del genoma de plantas, animales e incluso seres humanos.
Equipos científicos de varios países ya han sido capaces de alterar, de manera dirigida, la secuencia genética de distintos organismos, algo que puede derivar en numerosas aplicaciones.
La creación del primer organismo transgénico artificial en 1973,
la secuenciación del ADN para manipular fragmentos del mismo de manera independiente y controlada,
o el proyecto Genoma Humano.