La primera ventaja de ser empático es la aceptación.
Ser empático nos permite entender a la persona que tenemos delante y nos facilita establecer una relación social cordial.
Eso implica una mayor aceptación por parte de todos y al final, queramos o no, tenemos que convivir.
Si yo no soy empático, rozaré con todo el mundo.
Gracias a la empatía somos capaces de crear relaciones interpersonales cómodas y sencillas, debido a la conexión emocional.
Con ello logramos ser respetuosos con el otro.
Reforzar la empatía también puede mejorar nuestra autoestima.
Aquellas personas que demuestran empatía se orientan a la colaboración y gozan de mayor éxito en sus grupos de referencia.
Esto aumenta la autoestima.
La cuarta ventaja, el convencimiento, puede que sea una de las más egoístas, tal y como apunta Catalán.
Si tú entiendes a la otra persona, puedes llegar a convencerle o a intentar convencerle de algo.
Convencer es casi la parte más interesada de la empatía, pero también es fundamental.
¿Cómo vamos a convencer al otro si no me puedo poner en su lugar?
Si le estoy convenciendo con mis argumentos, con lo que a mí me gusta, con lo que yo quiero, no conseguiremos nada.
Eso nos lleva al liderazgo situacional.
Es decir, si sabemos cómo está el otro, podremos apoyarle o ayudarle, sabremos liderar o conducir una situación.
Es impensable ser un líder si no se es empático.
Si la gente no confía en mí, yo no voy a liderar; puedo mandar y es posible que me obedezcan, pero no lidero.
Ese refuerzo del ambiente lo consigo siendo empático con los demás.
Cuando entiendes al otro es más fácil que el otro te entienda a ti.
Si te valora, te reforzará y tú serás más empático.