La comunicación centrada en corregir o criticar, tiene el objetivo de “intentar ayudarles a mejorar». Una buena comunicación es importante porque hace que las relaciones sean fuertes y saludables. Porque nos ayuda a transmitir aceptación a nuestros hijos, permitiendo que se abran y compartan con nosotros sus sentimientos y sus preocupaciones. También les ayuda a tener un autoconcepto sano, a aprender a resolver sus problemas y a ser más independientes. Escuchar es el primer paso. Esto que parece tan sencillo, no lo es siempre. Implica nuestro interés por la conversación y por lo que nos están contando. Significa permitir a la persona expresar sus sentimientos e ideas sin criticar y sin restar importancia. Mantener el correcto contacto visual, no interrumpir, permitir que termine de hablar, comprender y aceptar los sentimientos de la persona que habla, validar los sentimientos, mostrar interés por lo que está contando. Prestar atención al lenguaje verbal y al no verbal. No mandar mensajes dobles, es decir, mensajes en los que digo algo, pero las emociones que se expreso parecen decir algo diferente. Mensajes “yo” son mensajes en primera persona, donde transmitimos lo que la conducta de los demás nos hace sentir, sin entrar en críticas o ataques. Tiempo de calidad al igual que la escucha activa es uno de los mayores reforzadores que podemos utilizar, pasar tiempo de calidad en familia. Disfrutar de alguna actividad juntos, como por ejemplo, ver una película, leer un cuento, jugar a juegos de mesa… genera conexión, evita el aislamiento y ayuda establecer conversaciones en relación a la actividad que se esté realizando. Pasar tiempo sin pantallas puede llegar a ser bastante complicado en nuestro día a día, la tecnología se ha vuelto algo imprescindible en nuestras vidas. Pero buscar momentos al día sin ningún dispositivo o pantalla que nos distraiga, puede ser una buena forma de mejorar la comunicación familiar.