Las personas leales son, por encima de todo, personalidades honestas. Se rigen por un código que está siempre en sintonía con sus valores pero también con ese compromiso respetuoso con el otro, ahí donde no caben las traiciones, las mentiras o las actitudes interesadas. La lealtad, el compromiso por hacer lo correcto. Lealtad proviene del término ‘legal’. Hay por tanto un componente de rectitud y compromiso por hacer lo correcto en cada circunstancia. La persona leal es sincera, no condescendiente, y nos ayuda a crecer. Las personas leales no son aquellas que hacen uso exclusivo de la condescendencia. No son las que nos dicen sí a todo, las que nunca ponen objeciones, las que nos apoyan en cada cosa que hagamos, en cada decisión y comportamiento por muy dudoso que sea. Lealtad es también sinceridad y hacer uso de un compromiso activo por nuestro bienestar. Eso significa que, si en algún momento es necesario que alguien nos pare los pies, nos advierta de algo o nos ayude a abrir los ojos ante una realidad que no vemos, lo hará. Porque se rige según unos valores firmes, no según el servilismo o la pasividad.