La planificación de la economía doméstica o familiar no difiere mucho de la de una empresa.
En ambas se tiene el mismo objetivo: gestionar eficazmente los ingresos para cubrir los gastos derivados de las necesidades y las actividades diarias.
En este sentido, al momento de planificar la economía familiar, el primer paso es elaborar un presupuesto en el que se reflejen todos los gastos.
Es importante diferenciar entre gastos fijos y variables, saber cuáles son imprescindibles y prescindibles, cuáles aportan bienestar y cuáles son superfluos.
Además, es clave dejar un margen para los gastos imprevistos que puedan surgir.
Elabora un presupuesto.
Tener un presupuesto sirve como guía para tomar las mejores decisiones de compra.
Además, permite conocer la forma en que están distribuidos los gastos y en qué se gasta más el dinero.
Valorar la capacidad de tener ahorros.
Tener dinero ahorrado siempre será una ventaja y un respiro a la hora de hacer frente a eventos inesperados.
En este sentido, no es necesario tener grandes cantidades de dinero para ahorrar.
Lo importante es convertir el ahorro en un hábito y una práctica que sea parte de la rutina.
Elimina gastos innecesarios.
Aprender a tomar decisiones para alcanzar los objetivos de la familia se puede convertir en un verdadero desafío, pero si lo haces, te estarás moviendo en la dirección correcta.
Antes de tener un gasto innecesario, pregúntate si le estás quitando recursos a algo importante y de esta manera, empezarás a tomar decisiones pensando en el futuro.
Es importante tener en cuenta que la economía doméstica requiere de un control estricto y de disciplina.
Ponte metas a largo plazo.
Las familias que tienen objetivos comunes funcionan como un equipo.
¿Ir de viaje?
¿Conocer una nueva ciudad en verano?
¿Comprar una casa más grande?
Descubre qué le gustaría hacer a tu familia a corto y largo plazo para que exista una motivación extra que favorezca el ahorro.
Mantente informado y repasa conceptos que desconoces.
La educación financiera nos permite conocer mejor nuestra situación económica y gestionar la economía familiar de forma más sana.
En este sentido, saber conceptos básicos como la planificación de los ingresos, los gastos, el ahorro, la inversión y el endeudamiento es de gran utilidad para que todos los miembros de la familia sean más autónomos e independientes.