Muévete de donde estés: si volvemos al mismo sitio una y otra vez, es señal de que ese camino no nos sirve. Quedarnos ahí, tampoco nos va a traer la solución. Lo mejor es hacer algo diferente, atreverse a hacer un cambio, por pequeño que sea, para que se abran nuevas oportunidades. Conectar con el cuerpo: el cuerpo y la emoción normalmente van unidos. Cualquier ejercicio de conexión corporal: Mindfulness, Yoga, Deporte, etc. puede ser una excelente opción para reconectar con las emociones. Autocuidado: Físico: vida sana, sueño reparador, ejercicio suave y conectar con la naturaleza. Cognitivo: observa e identifica los pensamientos que te bloquean: ¿por qué me tengo que sentir así? ; soy débil; no valgo para nada; y deja que se vayan como vinieron, sin engancharte a ellos. Emocional: valida cualquier emoción que te venga, aunque no te guste. Busca estímulos que te ayuden a sacar lo que tienes dentro: llorar, rabia, impotencia, etc. Sin duda por la prevención. Aprender a afrontar nuestras emociones en lugar de huir de ellas. Cualquier emoción tiene un recorrido y una función. Todas son válidas. Saber regularse y confiar en otros para que te ayuden es fundamental. Pide ayuda profesional si ves que no eres capaz tú solo para gestionar lo que te ocurre.