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¿Por qué mi familia me causa estrés?

Noa Longoria
Noa Longoria
2025-08-28 10:13:25
Respuestas : 29
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En ocasiones la familia estresa. Hay momentos en que las raíces de ese árbol genealógico nos atrapan por los pies sin dejarnos ir, enredándonos con sus comportamientos tóxicos, sus demandas, con sus fobias y sus vínculos afectivos regidos por un marcado narcisismo. Gestionar este tipo de dinámicas es clave para proteger nuestra dignidad y mejorar a su vez ese tejido relacional. Hay quien dice que nacer es casi como caer desde una chimenea. Nunca sabemos qué hogar es el que nos va a tocar, desconocemos cómo será ese primer escenario socio-afectivo que determinará una buena parte de nuestra estructura psíquica ni qué tipo de apego aprenderemos con nuestros progenitores. No sabemos tampoco si esa familia nos conferirá felicidad, si seremos criados en la dejadez o si seremos testigos de un entorno donde habita el reproche, el ataque y el desprecio entre sus miembros. Es común que queden algunas carencias, que aún en la madurez sigamos chocando con los valores de nuestros padres, friccionando con nuestros tíos e incluso compitiendo con nuestros hermanos por esto y aquello. La convivencia no siempre es fácil. Sin embargo, mientras exista respeto estos procesos en apariencia antagónicos pueden fluir con cierta naturalidad permitiéndonos contar con ellos, con esa familia, que como bien dice aquel dicho popular, debe estar en los buenos y en los malos momentos. Cuando la familia estresa y ahoga, pensamos muchas cosas. ¿Quizá ha llegado el momento de formalizar una salida definitiva? ¿O nos seguimos ahogando en ese vínculo de sangre de por vida? No hay que caer en estos extremos, no es saludable ni permisible. Cuando la familia estresa es recomendable no tomar decisiones extremas y observar todo desde la calma. El desgaste en las situaciones de conflicto familiar puede ser muy grande, por la cantidad de sentimientos y posturas encontradas. Esta erosión emocional puede llegar a ser tan profunda que cualquier palabra o gesto en ese contexto familiar asfixiante se procesa de forma intensa, sobredimensionada incluso. Así, un primer paso en el que deberíamos trabajar es en la relajación, en la calma interna. Cuando uno ha tragado tantas cosas a lo largo de todo un ciclo vital, acumula una frustración inmensa, una rabia que ha hecho costra y creado raíces. Todo ello hay que canalizarlo, que aliviarlo. Una vez hayamos ventilado esas salas emocionales cargadas de tensión, es el momento de trabajar en el siguiente aspecto. Define tu yo, fortalece tu identidad Cuando las personas no desarrollan un sentido de identidad fuerte, definido y separado a su vez del contexto familiar, su bienestar emocional está en continuo peligro. Es necesario cortar ese cordón umbilical y manejarnos como entidades independientes asentadas en sus propios idearios, en sus valores y necesidades. Cuando la identidad y el autoconcepto son firmes, no hay dudas, sabemos lo que está bien, lo que es permisible y lo que no. Aún más, no solo vemos con más claridad los comportamientos tóxicos o los actos narcisistas, sino que tenemos menos reparos a la hora de poner límites: sabemos que son necesarios para mejorar la convivencia. No tienes por qué estar siempre de acuerdo con tu familia, y eso no es malo El estrés familiar tiene sus raíces en la falta de armonía, surge porque hay un campo de fuerzas donde unos y otros actúan como oponentes y no como facilitadores. Un hecho muy común en estos escenarios es la necesidad que a veces tenemos de recibir siempre la aprobación de los nuestros, de no salir de esas líneas que unos trazan y en las que otros deben encajar casi a la fuerza para no decepcionar. Esto último no es ser familia. La auténtica familia es un microcosmos singular donde conviven los elementos más diversos en perfecta armonía. Es una piedra preciosa donde están incrustados los más variados minerales, con sus propios colores, sus fabulosas propiedades y singularidades. Es esa diversidad la que traza la belleza de esa joya donde todos se saben distintos, pero a la vez excepcionales. Entendamos, por tanto, que una familia, una buena familia, respeta y tiende la mano, no ahoga o supone un obstáculo para crecer.
Sergio Aguirre
Sergio Aguirre
2025-08-18 12:40:30
Respuestas : 26
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La familia es el núcleo social por excelencia en la sociedad actual, un eje estructural en el desarrollo psicológico y social del ser humano, aunque exista un parentesco, es normal que en algunos casos estas personas nos generen un poco o mucha ansiedad. La familia es la comunidad en la que cada ser humano interactúa de manera primaria y en relación con la cual se forman nuestras primeras construcciones simbólicas, ideas, afectos, representación mental del mundo, de sus relaciones, y demás. Esta figura se ha ido desmitificando, puesto que se ha demostrado que por parte de la familia se generan grandes traumas, conflictos sociales, inseguridades, problemas de afectividad y demás problemas personales que debemos manejar como individuos. Existe un grado de ansiedad adaptativo, que podría definirse como “normal” y común llamado estrés. Puedes sentirte incómodo con las personas con quienes tienes un vínculo sanguíneo y no tiene que ser algo malo, ya que primero debe ir tu salud mental. La ansiedad en contextos familiares tiene que ver con sentirnos atacados por críticas por parte de la familia. Si definitivamente identificas que tu familia es un ambiente muy adverso, que te expone a mucho estrés, está bien reducir el contacto, extraerse del contexto en la medida de lo posible con el objetivo de cuidar de ti mismo.

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Luna Aguirre
Luna Aguirre
2025-08-08 01:09:44
Respuestas : 28
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Las relaciones que establecemos con nuestras parejas, hijos y parientes cercanos nos colocan en ocasiones en situaciones muy complejas que no sabemos muy bien cómo abordar. Una idea cultural que a todos nos han inculcado es que “la familia siempre está ahí para nosotros”. El hecho de no ser felices, que nos vulneren y que no haya respeto hacia el vínculo establecido puede llegar a ser traumático. Hay personas que ven el mundo a través de unas gafas de visión muy limitada. Su campo de interacción es tan estrecho que solo abarcan sus propias necesidades, sus propias opiniones, juicios y valoraciones. Para combatir el estrés familiar necesitamos llegar a un equilibrio entre lo que tú quieres y lo que yo quiero. Entre lo que ambos necesitamos y lo que nos permite conseguir una adecuado bienestar. Lograrlo no es sencillo, se requiere de una alta implicación, voluntad y de un claro deseo por construir, no por mirar en exclusiva por uno mismo. El cansancio emocional tiene como fuente principal el invertir mucho y obtener muy poco a cambio. A veces, renunciamos a muchas cosas por atender a nuestros padres, por hacer felices a nuestras parejas y por dar lo mejor a nuestros hijos. Ello es, sin duda, lo correcto. Ahora bien, si alguna de estas personas nos devuelve estas inversiones con desprecios, malas palabras o egoísmos, nos sentiremos heridos. Se toleran poco los fallos de los demás. Hay quien tiene una vista de lince para señalarnos nuestros defectos o nuestros fallos. Sin embargo, disponen de un arte excepcional para obviar nuestras virtudes o esfuerzos. Cuando nos olvidamos de las respuestas afectivas y las palabras positivas. Algo que nunca deberíamos olvidar es que el refuerzo positivo nos permite conectar con los demás y fortalecer el vínculo para dar seguridad a la persona. Toda dinámica familiar saludable y feliz debe ser capaz de respetar los espacios personales de todos sus miembros. Ese bienestar personal, esa libertad, nos ayuda también a invertir en la propia relación familiar. Compartir tiempo de calidad. Una forma de combatir el estrés familiar es “desconectar”. Cambiar de rutinas y romper esos hábitos donde acaba apareciendo el agobio, el cansancio, los reproches y la ansiedad. ¿Cuándo fue la última vez que compartiste tiempo de calidad con los tuyos? Piensa en ello, intenta hacer cosas nuevas, una excursión, una reunión distendida en el campo. Romper con las rutinas es, sin duda, una forma estupenda de hacer frente al estrés.