La pareja no es un fin en sí mismo, no se trata de tener una pareja para toda la vida porque sí, ni de engancharte para siempre a ese primer amor, una pareja es una relación enriquecedora, que te aporta y en la que tú aportas, es un espacio en el que te sientes libre de ser tú mismo, a la vez que dispuesto a hacer feliz a tu compañero o compañera.
Es un lazo que establecemos con algunas personas, no solo la pareja sino también con los buenos amigos, y que va más allá de la coincidencia de gustos o la atracción física.
Un vínculo afectivo muy especial, que nos genera seguridad y confianza, basado en la empatía, el respeto, el interés y la comunicación.
Pero, esa complicidad empieza a fallar, nada nuevo, el clásico ¡para qué demostrarle que le quiero, si ya lo sabe, así, vamos dejando de lado rutinas importantes.
Preguntarle a nuestra pareja cómo le ha ido el día, tener un gesto cariñoso cuando intuimos que está de bajón o tiene algún problema, contarle eso que nos preocupa, aunque sabemos que es una menudencia sin importancia.
Sonreír cuando repite esa pequeña manía, que solo se atreve a hacer contigo sabe que no le juzgas y por eso no le da vergüenza, podríamos seguir poniendo más ejemplos, pero estos son bastante significativos y sirven para explicar algunas de las razones por las que perdemos la conexión emocional con la pareja.