Realizar juegos para trabajar el vínculo afectivo, como hacer manualidades, jugar a juegos de mesa o compartir actividades artísticas.
Actividades como leer juntos, compartir juegos de mesa, pasar tiempo al aire libre o simplemente hablar durante la comida pueden ser muy efectivas para fortalecer los vínculos entre padres e hijos.
Aprovechar la hora de la comida para hablar.
Dejar las pantallas a un lado permite mejorar la comunicación entre padres e hijos.
Leer juntos antes de ir a dormir cuando los niños son pequeños permite a los padres enseñar valores y explicarles cosas importantes.
Además, eso activa su imaginación.
Hacer planes en casa para disfrutar en familia, como ver una película, escuchar música o decorar la casa en familia.
Pasar tiempo libre fuera de casa.
Nada como dar un paseo, ir de excursión o hacer un viaje en familia para fortalecer los vínculos positivos entre padres e hijos.
Ayudarse en las tareas del hogar, como cocinar, sacar la basura o limpiar, no solo enseña a los niños sino que también mejora la convivencia y les hace sentirse parte de una familia.
A todo esto hay que sumar los gestos afectivos que son importantes en el día a día, como besar y abrazar a los hijos para que sientan el amor y desarrollen la capacidad de darlo cuando sean mayores.