La edad de los hijos para la separación de los padres no es relevante.
El momento de la separación debe de efectuarse en el momento en el que las disputas familiares puedan afectar a los hijos, ese es el momento, con independencia de la edad de los niños.
A los hijos no les afectara mucho más una separación de sus progenitores en función de su edad, sino principalmente en función de la tensión y conflictividad de la separación.
Desde el momento en el que deja de ser saludable, por el motivo que sea, se debe de optar por una separación amistosa, amable y cordial, pues es parte del aprendizaje de los niños.
No son pocos los progenitores que sobreprotegen a los niños, pero que después de ofrecen un mal ejemplo de tensión, conflictividad o de aguantar un matrimonio o pareja indeseado.
Mucho tienen miedo a separarse a los 40 con hijos pequeños, otros ponen de excusa a los menores y no se separan «por mis hijos», cargando en sus hombros una triste irresponsabilidad.
Lo peor que puede haber, desde nuestra modesta opinión, es que existan discordias entre los progenitores y niños sin convenio regulador aplicable que ponga paz en la discordia de los padres.
Los hijos no se separan, los que separan son los padres.
A los hijos, tanto en los casos en los que los padres están juntos como cuando se separan, deben de ofrecer un ambiente de protección que beneficie a los menores.
A los hijos no hay que hacerles partícipes, responsables o justificación para una decisión de separarse o no separarse.
No es lo más importante la edad del niño para el divorcio de los padres, pues los menores se adaptan perfectamente a cambios gestionados saludablemente.
La clave desde Divorcionetas es que los padres se separen en el momento adecuado, cuanto la tensión y discordia puede perturbar el equilibrio y estabilidad familiar y perjudicial a los niños.