Visión optimista y holística del ser humano: cada persona es un conjunto de elementos, tanto físicos como psíquicos, y se considera que las personas son inherentemente buenas.
Foco en los factores sociales: el autoconocimiento y el desarrollo personal debe ir de la mano de la responsabilidad social.
La importancia de lo subjetivo: en su proceso terapéutico, cobra mucha importancia el análisis de cómo los pacientes perciben e interpretan sus pensamientos internos.
Concepción alternativa de la felicidad y el éxito: cada persona puede tener su propia forma de ser feliz y el proceso terapéutico ayuda a descubrirla.
Se rompe con los criterios convencionales para definir la felicidad.
Cada persona es el motor de su propio cambio: el terapeuta es importante dentro de las terapias humanistas, pero el gran motor del cambio es la propia persona, que tiene la capacidad suficiente para solucionar sus problemas.
Explorar los sentimientos, profundizar en los pensamientos, analizar las pautas de relación, fomentar la autoconciencia y la actitud presente.
Estas son algunas de las acciones clave dentro del proceso psicoterapéutico de las terapias humanistas.
La psicoterapia humanista se concibe como experiencial, experimental y existencial.
Todo ello se enmarca en un proceso intersubjetivo e interpersonal, en el que el terapeuta debe proporcionar apoyo al paciente y facilitarle los medios para la experimentación.
El terapeuta es importante dentro de las terapias humanistas, pero el gran motor del cambio es la propia persona, que tiene la capacidad suficiente para solucionar sus problemas.
El papel del psicoterapeuta humanista es fundamental, ya que acompaña al paciente con una actitud empática y centrada en promover el desarrollo de la autoaceptación y el crecimiento personal.
Hablamos de un conjunto de terapias en las que el terapeuta acompaña al paciente durante todo el proceso y le ofrece una red de apoyo, empatía y confianza.
El modelo de intervención de las terapias humanistas pone su foco en el desarrollo personal.
Sus fundamentos y acciones van encaminadas a conseguir que la persona tenga claro su significado vital.
Terapia Gestalt: la conciencia de uno mismo es la clave para conseguir el crecimiento y desarrollo personal.
El “aquí y ahora” o, lo que es lo mismo, el momento presente es clave en su proceso terapéutico.
El terapeuta ayuda a cada persona a observar sus pensamientos e identificar sus respuestas emocionales.
Terapia sistémica: concibe a las personas dentro de un contexto social primario.
De esa manera, considera que todas las conductas humanas son producto de nuestro entorno.
Su proceso terapéutico se focaliza en la familia.
Terapia corporal: “escuchar a nuestro cuerpo” es el gran precepto de esta terapia.
Resulta muy importante reconocer la información que nuestro cuerpo nos facilita para poder analizar nuestra experiencia.
Terapia centrada en el cliente: el psicólogo Carl Rogers fue el creador de este enfoque, que considera que todas las personas podemos alcanzar nuestro máximo potencial, pero existen determinadas vivencias que nos lo impiden.
Durante el proceso terapéutico, el objetivo es conseguir que la persona conecte con sus recursos internos y redescubra su propio valor.
Terapia de las necesidades humanas: su premisa es que todas las personas tienen una serie de necesidades básicas innatas.
Esta terapia humanista parte de la idea de que los problemas psicológicos derivan de la no satisfacción de dichas necesidades.
Su proceso terapéutico busca enseñarle al paciente cuáles son sus necesidades físicas y emocionales, y cómo satisfacerlas.