Escribir un diario de positividad.
Dedicar cada día un ratito a ello sin importar lo pequeño que sea ese lado bueno, puede ayudarnos a sentirnos más animados, relajar la tensión corporal y evitar la tendencia a la negatividad.
Puedes sentir gratidad porque hace buen día, por tu música preferida o por la espumita del café que tanto te gusta.
Anota todo lo que se te pase por la mente en un cuaderno específico para eso; a veces, lo que pensamos que es negativo, puede que no parezca realmente tan malo al expresarlo.
Planificar tu alimentación para la semana.
La forma en que nos alimentamos puede tener una enorme influencia en nuestro humor, niveles de estrés, enfoque diario y productividad.
Si planificas los menús de la semana por adelantado, podrás hacer la compra de forma que te asegures de tener suficientes alimentos nutritivos que te sacien y te llenen de energía saludable todos los días.
Priorizar el descanso.
Descansar es crucial para el cuidado propio, ya que nos permite seguir con el ritmo diario.
Lo ideal sería dormir entre 7 y 9 horas cada noche e intentar crear una rutina que te resulte beneficiosa, por ejemplo yéndote a dormir y levantándote más o menos a la misma hora cada día para crear un hábito saludable.
Relájate antes de irte a la cama apagando los dispositivos tecnológicos 30 minutos antes de acostarte y disfruta de una infusión caliente o una ducha tibia que te ayude a conciliar un sueño profundo.
Hacer voluntariado.
El acto de contribuir y hacer algo bueno por personas menos afortunadas puede realmente mejorar nuestra autoestima y hacernos sentir bien.
No hace falta que lo hagas todos los días ni todas las semanas.
Prueba a dedicar algunas horas al mes a ayudar en una ONG de tu barrio o en un albergue para personas sin hogar.
Ayudar a los demás es la forma más fácil de mejorar tu estado de ánimo ¡y también el de otras personas!
Probar la meditación.
Puede que te parezca toda una hazaña quedarte quieto durante 5 minutos al día, pero podría hacerte mucho bien, especialmente si sufres de estrés y ansiedad.
La meditación implica estar en el momento presente, sin pensar en el pasado ni en el futuro; se trata de quedarte quieto, centrarte en la respiración y evitar la tentación de dejar que tu mente divague.
Los principiantes pueden empezar tumbándose o sentándose con los ojos cerrados y centrarse en el ritmo de su respiración.
Si la mente empieza a divagar, basta con devolverla al presente.
Intenta hacer esto durante 3 minutos y, con el tiempo, podrás llegar a 5 o incluso a 10 minutos.
Intenta incluir la meditación como parte de tu rutina diaria para que se convierta en un hábito.
Quizás el mejor momento para esta práctica sea nada más levantarte o en la pausa para la comida.
Ordenar.
El desorden y la acumulación de trastos pueden crear ciertamente un mayor estrés, además de un contexto caótico que afecte a tu bienestar psicológico.
Ordena la ropa y los zapatos, haz la cama, mantén despejada la encimera de la cocina teniendo solo los aparatos necesarios y limpia tu espacio de teletrabajo.
Incluso podrías llevar a cabo una limpieza profunda y deshacerte de la ropa que no te pongas o de los artículos que no uses.