Sufrir de infelicidad crónica: de acuerdo con los expertos y estudiosos del Hope College, la infelicidad representa una enfermedad contagiosa causada por una deficiencia crónica de gratitud y los científicos lo han confirmado al establecer que la capacidad para experimentar gratitud se vincula con elevados niveles de felicidad. La ingratitud condena a las personas a un suerte de bucle de infelicidad crónica, por cuanto, dado el hecho que el agradecimiento no sólo se experimenta hacia las personas que nos entregan su ayuda y apoyo, sino que también ante la vida, las personas ingratas están condenadas a un estado crónico de descontento e insatisfacción con su vida, su trabajo, su pareja, etc.
Presencia de problemas psicológicos: a la larga, la ingratitud produce un estado psicológico malsano que se caracteriza por ciclos de expectativas que son irreales y por continuas frustraciones, ya que el sujeto es incapaz de valorar y apreciar en su justa medida lo positivo que le haya ocurrido o el bien o favor que la haya hecho una persona.
Aquellos individuos ingratos presentan un mayor riesgo de sufrir trastornos psicológicos tales como arranques de ira, trastornos de ansiedad generalizada, estados depresivos, etc.
Condenadas a la desesperanza: uno de los mayores riesgos a los que se exponen las mujeres y hombres ingratos es que su vida se transforme en una suerte de profecía autocumplida, por cuanto, la ingratitud que estos individuos demuestran determina que las demás personas renuncien, simplemente, a ser amables con ellos, en función de lo cual, los sujetos ingratos terminan atrapados en la trampa que ellos mismos tendieron.
Estos individuos tienen, asimismo, problemas de auto-aceptación y, a menudo, les falta un propósito en la vida, condición que les deja, precisamente, un gran vacío en sus vidas.
Expuestas a tener una peor salud: todos los estudios apuntan a que la ingratitud no sólo condena a estas personas a experimentar una gran amargura, sino que también les pasa la factura a su salud física.
La gratitud disminuye los niveles de estrés, la ansiedad y las preocupaciones, por lo que no sorprende a nadie que una investigación realizada por la Universidad de Michigan, Estados Unidos, sacara a la luz que las personas ingratas reportan niveles más elevados de estrés y un mayor número de síntomas físicos.