La bondad o querer el bien de los demás.
Consiste en tratar adecuadamente a los demás, así como en querer su bien material y, sobre todo, espiritual.
"Que todos los seres sean felices" es una de las principales máximas del budismo.
Se trata de ponerse en el lugar del otro, ocupándose de sus necesidades y aceptando que tenga ideas diferentes a las nuestras.
También supone tratar a todos con delicadeza.
La bondad debe ser sincera.
No se trata de aparentar ser caritativos, sino de sentirlo desde el corazón.
La manera más simple y eficaz de meditar en la bondad es alegrarse del bien ajeno en vez de sentir envidia, compartir la alegría de los niños o la de que a tu expareja le vaya bien.
Otra forma es visualizar una luz dorada que envuelve a determinada persona, dándole protección y suerte.
Empieza practicando contigo mismo y luego con familiares y amigos, especialmente con quienes necesiten más ayuda.
Si te gusta ir más allá, prueba con quienes no simpatizas o incluso tienes algún enfrentamiento.
No sería extraño que mejorara vuestra relación.
La mera bondad, sin una visión acertada, puede ser incluso nociva.
Como sucede si alimentamos solo con dulces a nuestros hijos atendiendo a sus deseos.
Instarles a comer otros alimentos es una muestra de bondad, aunque los hijos puedan no verlo así.
En realidad, a todos nos gusta hacer el bien, aunque generalmente nos es más fácil practicarlo si se trata de familiares y amigos.
Ese deseo pone de manifiesto que se trata de una tendencia natural inscrita en nuestro ser.
Pero a menudo desatendemos esa llamada sumidos en nuestros miedos y preocupaciones.
Dejar que se manifieste supone reconciliarnos con la vida.
Pues como afirmaba Francisco de Asís, "dando se recibe y perdonando se es perdonado".