Las personas mentalmente fuertes se niegan a permitir que la autocompasión sabotee sus metas. En su lugar, usan las dificultades invariables de la vida como una manera de volverse más fuertes y ser mejores. Enfrentar los sentimientos propios es una forma de evitar la autocompasión, permitiéndose experimentar emociones como duelo, decepción y soledad de frente. Reconocer las señales de advertencia es importante, ya que cuando te enfocas en todo lo que está saliendo mal, tus pensamientos se vuelven excesivamente negativos. Las personas mentalmente fuertes cuestionan si sus pensamientos representan la realidad, haciéndose preguntas como “¿por qué mi suerte siempre es mala?” o “¿en verdad está arruinada mi vida entera?”. Convertir pensamientos negativos en experimentos de comportamiento es otra forma de evitar la autocompasión, llevando a cabo experimentos para demostrar que esos sentimientos están equivocados. Reservar recursos para actividades productivas es clave, ya que cada minuto que permaneces autocompadeciéndote son 60 segundos que pierdes en encontrarle una solución a tus problemas. Practicar la gratitud es difícil sentir autocompasión y gratitud al mismo tiempo, por lo que las personas mentalmente fuertes reconocen todo lo que tienen que agradecer en sus vidas. Ayudar a otras personas es también una forma de evitar la autocompasión, ya que es difícil sentir lástima por ti cuando estás ocupado ayudando a quienes son menos afortunados. No quejarse y mantener una perspectiva optimista son también importantes para evitar la autocompasión. Construir fortaleza mental es similar a construir fuerza física, requiriendo buenos hábitos y deshaciéndose de malos hábitos, como la autocompasión. Desarrollar una habilidad incrementada por regular tus pensamientos, manejar tus emociones y comportarte de manera productiva a pesar de tus circunstancias, te volverás más fuerte y mejor.