La serenidad no es estar a salvo de la tormenta, sino encontrar la paz en medio de ella.
El significado de serenidad es apacible, sosegado, sin turbación física o moral.
Serenidad y optimismo van cogidas de la mano.
Para conseguir esa paz interior es necesario afrontar los problemas con positividad y pensar antes de tomar ciertas decisiones, despacio y con buena letra.
Esa es la esencia de la serenidad.
La serenidad nos vendrá siempre del interior, de la aceptación propia y de la aceptación de los demás.
Son nuestros pensamientos quienes deben cambiar para lograr la serenidad.
Con la auto observación, con la vigilancia interior.
Cada vez que te descubras a ti mismo culpando a otros de tus desgracias y problemas, pretendiendo cambiarles para que se amolden a tus deseos y pretensiones, estás alentando tu propio desequilibrio.
Entre cualquier hecho que ocurra y su respuesta emocional está siempre nuestra forma de evaluar esa situación.
Mas importante que hacer interpretaciones aparentemente lógicas es hacer interpretaciones que nos ayuden a ver posibilidades en vez de anularnos.
Algunas actitudes que pueden ayudar a estar mas serenos:
No perder el tiempo con quejas inútiles ni caer en la trampa de juzgar, criticar y descalificar a los demás.
Aceptar la vida con sus dudas e incertidumbres, tratando de mejorar aquello que de mí dependa y no agobiarme por dificultades y fracasos.
Ocuparme menos de mí mismo y prestar más atención a lo que necesiten los demás.
Renunciar a toda vanidad y pretensión de superioridad frente a los demás.
Tratar de resolver mis problemas y progresar mediante el trabajo y el estudio.
Reconocer mis errores y tratar de corregirlos, sin dramatismo, pero con prontitud y firmeza.
Mantener siempre mi talante optimista para afrontar la vida con decisión, serenidad y alegría.
Conducirme en todo momento con rectitud y honestidad, respetando y aceptando a los demás.
No dejarme influir por ciertas pretensiones y actitudes apremiantes o descalificadoras de quienes necesitan autoafirmarse en detrimento de los demás.
No responder jamás a provocaciones, ni entrar en discusiones inútiles acerca de la valía personal.
Decir no cuantas veces sea preciso cuando no esté de acuerdo con aquello que se demande de mí.