Meditación de respiración enfocada: Siéntate, respira hondo y cierra los ojos. Concéntrate en tu respiración a medida que entra y sale de tu cuerpo.
Sentarte y respirar lentamente durante un minuto puede ayudar.
Meditación de escaneo corporal: Acuéstate boca arriba con las piernas extendidas y los brazos a los costados, con las palmas hacia arriba.
Concentra tu atención lenta y deliberadamente en cada parte de tu cuerpo, en orden, de los pies a la cabeza o de la cabeza a los pies.
Sé consciente de cualquier sensación, emoción o pensamiento asociado con cada parte de tu cuerpo.
Meditación sentada: Siéntate cómodamente con la espalda recta, los pies apoyados en el suelo y las manos en el regazo.
Respira por la nariz y concéntrate en que tu respiración entre y salga de tu cuerpo.
Si las sensaciones físicas o los pensamientos interrumpen tu meditación, anota la experiencia y luego vuelve a concentrarte en tu respiración.
Meditación caminando: Encuentra un lugar tranquilo de 10 a 20 pies de largo y camina lentamente.
Concéntrate en la experiencia de caminar, siendo consciente de las sensaciones de estar de pie y de los sutiles movimientos que mantienen el equilibrio.
Cuando llegues al final del camino, gira y continúe caminando, manteniendo la conciencia de tus sensaciones.
En cualquiera de los casos es importante que escojas un lugar tranquilo y que uses ropa cómoda para realizar estos ejercicios de meditación consciente.
También, aumentar progresivamente el tiempo que le dedicas a la meditación puede ser muy provechoso.