Mantener la calma es esencial para gestionar bien un conflicto y ayuda el hecho de adoptar una perspectiva global y temporal. Cuando el conflicto inevitablemente sucede, es útil detenerse y pensar que lo más probable es que se resuelva con el tiempo. Entonces, ¿por qué no comenzar la solución de problemas ahora?
Escuchar para entender es clave, ya que la única manera de resolver un problema es escuchar atentamente lo que la otra persona está diciendo e intentar entender por qué o para qué lo dice.
Acentuar lo positivo también es importante, encontrar algunos puntos en común, o crearlos, entre uno mismo y la persona que está en el otro extremo.
Exponer los argumentos con tacto es fundamental, ayudar a las personas a entender nuestra perspectiva sobre el tema sin ofender ni permanecer a la defensiva.
Atacar el problema y no a la persona es importante, intentar despersonalizar al máximo nuestros comentarios y centrarnos solo en la cuestión o problema.
Evitar el juego de la culpa, el hecho de culpar solo sirve si reconocemos nuestra culpa en algún aspecto, en términos generales, averiguar quién es culpable no aporta nada si el objetivo es solucionar un problema.
Centrarse en el futuro, no en el pasado, en el presente y en el futuro es donde está la solución.
Hacer el tipo correcto de preguntas, preguntas como “¿por qué?” o “¿qué creías que sería?” denotan que estamos hablando a la defensiva y en modo interrogatorio.
Ser creativo, mantener una perspectiva win-win y una actitud proactiva y colaborativa ayudará a encontrar una solución rápida y satisfactoria para todas las partes implicadas.
Celebrar el acuerdo, una vez que se ha logrado, es bueno felicitarse mutuamente y celebrar de alguna manera el éxito en la resolución del problema.