Las que más se utilizan en los programas de Mindfulness suelen ser de dos tipos: formales e informales.
Las formales son las que más nos ayudarán al principio, ya que, si nunca se ha practicado antes, establecer una conexión tan profunda puede resultar dificultoso si no se hace con una guía.
Esta práctica en concreto consiste en realizar meditaciones guiadas y prácticas atencionales a través de audios, vídeos…, que pueden variar en tiempo, siendo recomendable que se practique con regularidad y, al principio, entre quince y veinte minutos al día.
Por su parte, la práctica informal, consiste en realizar pequeños ejercicios de atención plena que complementan a las prácticas formales.
Es muy sencillo, ya que pueden aplicarse a las actividades cotidianas del día a día, parando y haciendo pausas de atención plena de unos 2-3 minutos cada cierto tiempo.
Por ejemplo: lavarse los dientes con atención, caminar de forma consciente, estar atento a las sensaciones cuando comemos, nos duchamos…
Además, si te preocupa el tiempo, ya ves que no tienes que dedicarle un tiempo extra, porque puedes incluirlo en tu rutina.